SINOPSIS

Año 1968. La estrella mundial del Circo Price, Pinito del Oro (Adriana Ugarte), prepara su última actuación. Pero antes de su retirada, quiere elaborar sus memorias. En la poeta canaria Natalia Sosa (Tania Santana) encuentra a la biógrafa perfecta: pocos la conocen fuera de su isla, pero sus textos son desgarradores. Su magnetismo es tal que surge entre ellas una conexión profunda que levanta sospechas, hasta que el encargo se rompe. Quedan cosas por decir. Pero su amistad se consolida durante décadas con cartas que sortean los obstáculos de la época. Lo que esas hojas guardan por fin saldrá a la luz. Inspirada en hechos reales.

Hay películas que no se ven; se leen entre líneas. El debut cinematográfico de la directora canaria Arima León, Tal vez, pertenece a esa rara estirpe de obras donde el rigor del archivo histórico se rinde ante la urgencia de la palabra escrita. Como apasionados de la literatura que buscamos en la tinta un refugio, resulta imposible no conmoverse ante el punto de partida de la cinta: el viaje de la poeta Natalia Sosa Ayala (Tania Santana) al ser contratada para redactar las memorias de la célebre trapecista Pinito del Oro (Adriana Ugarte) en el Madrid de 1968. Lo que el periodismo cultural registrará como un impecable ejercicio de rescate de la memoria lesbofeminista y periférica, se convierte en la pantalla en algo mucho más íntimo: una declaración de amor al acto de escribir como la única herramienta capaz de quebrar el silencio de una España gris.

🎭 El duelo interpretativo: La levedad del trapecio contra la gravedad del verso

El verdadero armazón dramático de la producción descansa sobre la magnética y contrastada química entre sus dos protagonistas. Adriana Ugarte acomete a Pinito del Oro no desde la mera imitación de la estrella mítica, sino desde una sobrecogedora vulnerabilidad física. Ugarte dota a la trapecista de una dualidad conmovedora: es un titán en las alturas del Circo Price, pero una mujer frágil en la tierra, cansada del peaje que exige el espectáculo y ansiosa por atrapar su propia verdad antes de la retirada.

Frente a ella, Tania Santana firma una interpretación construida desde el desgarro interior y la contención. Como Natalia Sosa, Santana maneja los silencios con una maestría inusual para una ópera prima. Su mirada sostiene el peso de una doble disidencia: la de ser mujer lesbiana y la de ser una creadora periférica atrapada en una isla bajo el yugo de la época. El magnetismo de la cinta nace precisamente ahí, en cómo Arima León filma el acercamiento de estos dos mundos, donde la extroversión escénica de Ugarte capitula dulcemente ante la introspección melancólica de Santana.

✉️ El vínculo epistolar: Cuando las palabras duelen y salvan

Para quienes amamos la escritura, el núcleo de la película se vuelve casi devocional en su segunda mitad. Tras un quiebre en el encargo inicial, la película huye del melodrama convencional y se refugia de lleno en el género epistolar. Es aquí donde el guion de Arima León adquiere un vuelo profundamente lírico.

Las cartas que intercambian las protagonistas durante décadas no son simples conectores narrativos; son el espacio real donde ambas inventan su libertad. En la Gran Canaria gris de los sesenta y setenta, el papel en blanco se convierte en el único territorio no ocupado por la censura o el aislamiento. León acierta al dotar a la correspondencia de un peso cinematográfico tangible: escuchamos las voces en off recitar esos textos desgarradores mientras la cámara se detiene en el trazo de la tinta, recordándonos que escribir es una forma de caricia a distancia. Para Natalia Sosa, las palabras duelen, pero también son la única herramienta capaz de burlar el tiempo, la distancia y el olvido.

🖋️ Conclusión: El eco que el tiempo no pudo callar

En última instancia, el mayor triunfo de Tal vez trasciende los márgenes de la pantalla para convertirse en un acto de estricta justicia histórica. La película funciona como un espejo incómodo pero sanador ante el olvido institucional que ha sepultado durante décadas a tantas escritoras canarias. Arrancar la figura de Natalia Sosa Ayala de la amnesia colectiva y devolverle su voz, sus dolores y sus afectos disidentes no es solo un acierto argumental; es un deber ético cumplido con una sensibilidad desbordante.

Como ópera prima, el debut de Arima León es extraordinario y de una madurez técnica encomiable. León esquiva con inteligencia los vicios habituales de los biopics lineales. En su lugar, edifica un universo de contradicciones visuales, sabiendo dirigir la escala de una gran producción hacia la intimidad de dos mujeres que se tocan a través de los folios. Con una puesta en escena audaz, una iluminación opresiva que retrata con brillantez esa «Canarias gris», y un pulso narrativo que mima la palabra escrita, la realizadora canaria se postula desde ya como una de las voces más nítidas, complejas y necesarias de nuestro cine actual.

  • Línea final: Una obra bellísima y desgarradora que demuestra que, a veces, la ficción es la única manera legítima de rescatar la verdad. Si el tiempo se empeñó en borrar sus rastros, Arima León nos recuerda que el fuego de un poema sincero siempre encuentra la forma de volver a arder.